Hay alguien que suele estar detrás de la cámara, pendiente de que todos salgan bien, de que nadie cierre los ojos y de que el recuerdo quede guardado. En muchas familias, esa persona es mamá. Sin embargo, cuando llega el momento de mirar las fotografías, ella no siempre aparece.
De esa escena cotidiana nació una propuesta de la fotógrafa sanjuanina Dani Rodríguez: “Que mamá esté en la foto”. Una frase sencilla que pone el foco en una ausencia frecuente y propone cambiar la manera de construir los recuerdos familiares.
“Siempre la mamá tiene o no sale en la foto o sale en la selfie horrorosa que queda por siempre en la galería del teléfono y nunca es una foto digna de imprimir y poner en la casa”, contó durante una entrevista con Mujeres de Impacto, en la previa del Día de la Madre.
Rodríguez explicó que la idea surgió de conversaciones con su comunidad de fotógrafos, integrada en gran parte por mujeres que también son madres. La experiencia se repite: ellas organizan, preparan y acompañan, pero muchas veces quedan fuera del retrato.

“Lo que sucede es que siempre alguien se queda afuera y la mayoría de las veces ese alguien es mamá, que se ocupa de la ropa de los chicos, de hacer la cita para la sesión, de que todos lleguen a horario”, señaló.
Su propuesta es que las familias se permitan romper con esa rutina y encuentren una manera de conservar imágenes en las que todos estén presentes. No solo como una iniciativa para una fecha especial, sino como una invitación que puede sostenerse durante todo el año.
De las “mamás con cámaras” a las fotógrafas profesionales
La maternidad atraviesa también su propia historia. Rodríguez lleva diez años dedicada a la fotografía de retrato y a la formación de otros profesionales. En ese recorrido, observó cómo las mujeres fueron ganando espacio en una industria en la que, durante mucho tiempo, tuvieron menor presencia.
“Al principio éramos mamás con cámaras, como les gustaba decirnos. Hacen hobby, hasta que nos empezamos a profesionalizar más”, recordó.
Hoy, explicó, las fotógrafas trabajan en distintas áreas: cubren eventos, hacen fotoperiodismo, participan en marchas y desarrollan proyectos de naturaleza que requieren pasar días en la montaña para registrar animales en su hábitat.
Para Rodríguez, las redes sociales y las comunidades de intercambio contribuyeron a que más mujeres compartieran sus trabajos, encontraran referentes y se animaran a profesionalizarse.

“Antes era como más un clan más cerradito, ahora como que se está abriendo cada vez más, por suerte”, sostuvo.
Sin embargo, el crecimiento no eliminó todas las desigualdades. La fotógrafa recordó su participación en congresos donde la presencia masculina era ampliamente mayoritaria y situaciones en las que cuestionaron su trabajo por el uso de herramientas de edición.
“Me ha pasado de ir a congresos de disertaciones en las que eran, no sé, diez varones disertando y dos mujeres. Que ya es un desequilibrio notorio”, relató.
También señaló que persisten diferencias en la manera en que mujeres y varones se posicionan profesionalmente. “A nosotras las mujeres nos cuesta más como vendernos, porque vivimos con el eterno síndrome del impostor. Siempre nos cuesta creérnosla un poquito y el varón en ese sentido tiene un poco más de ventaja, me parece”, reflexionó.
La fotografía como forma de contar lo que nos pasa
Antes de dedicarse profesionalmente a la fotografía, Rodríguez estudió Derecho, una carrera que no la convenció desde el comienzo. La fotografía apareció primero como un hobby, con retratos de amigos y familiares. Su padre le regaló su primera cámara profesional cuando tenía 18 años.
Más tarde dejó Derecho y comenzó Diseño Gráfico, una formación vinculada con la comunicación visual y el arte. Pero la maternidad la llevó nuevamente a la fotografía y terminó de definir su camino profesional.
“Cuando nacieron mis hijos, levanté otra vez la cámara inevitablemente. Y retomé, y ahí no volví nunca más a hacer gráfica”, contó.
Su producción artística está ligada a las experiencias que atraviesa como madre, mujer y persona. A través de las imágenes busca expresar aquello que la interpela y transformar situaciones cotidianas en obras que abren preguntas.
Una de ellas es Etiquetas, realizada en 2021 junto a su hijo menor, que aborda el bullying y la presión social. Otra, Pájaros en la cabeza, tiene como protagonista a su hija Isabela y representa el enojo y el desconcierto que pueden acompañar los primeros años de la adolescencia.
Entre sus trabajos más recientes se encuentra Los hombres no lloran, una obra desarrollada junto a su hijo Bauti que cuestiona los mandatos sobre la expresión de los sentimientos masculinos.

“Siempre hablamos mucho de las mujeres, pero también hay varones sensibles y también sufren”, planteó. Y agregó una reflexión que atraviesa el sentido de esa obra: “Los hombres también lloran, y está bien que así lo hagan”.
Para Rodríguez, la fotografía no se limita a registrar lo que está frente a la cámara. También es una forma de comunicar una mirada sobre el mundo. Por eso, en sus proyectos busca que sus hijos participen de las ideas y del proceso creativo.
“Trato de reflejar lo que me está pasando como mamá, como mujer, como persona a través de mis fotos”, explicó.
Una comunidad para hacer de la fotografía una profesión
Su trabajo también se extendió a la formación. Durante la pandemia, junto a su socia María Presser, creó Insight Academy, una academia online que surgió como respuesta a la suspensión de los talleres presenciales que realizaban en distintos países.
Lo que comenzó como una alternativa para continuar enseñando se convirtió en un espacio de formación para fotógrafos de habla hispana. Según contó Rodríguez, la comunidad reúne a más de 7.000 personas y ofrece seminarios gratuitos, encuentros virtuales y cursos pagos.
Uno de sus objetivos es acompañar a quienes buscan transformar la fotografía en una actividad profesional sostenible. “Es un espacio para fotógrafas y fotógrafos para abrir la mentalidad en los negocios, para hacer de la fotografía no solamente un arte, sino también un negocio del que se pueda vivir”, explicó.
La propia experiencia le enseñó que construir una carrera independiente requiere algo más que conocimientos técnicos. También implica aprender a mostrar el trabajo, encontrar una comunidad y contar con una red de apoyo.

Que los recuerdos también incluyan a mamá
La conversación vuelve, finalmente, a aquella frase que dio origen a la entrevista. En tiempos en los que las imágenes se multiplican en los teléfonos y las redes sociales, Rodríguez propone detenerse en quiénes aparecen y quiénes quedan fuera.
“Siempre se puede romper con la rutina, hacerse una sesión de fotos profesional y que salgan todos en las fotos”, señaló.
La invitación no se limita a posar frente a una cámara. Tiene que ver con reconocer que quien organiza los momentos familiares también merece formar parte de ellos; que las madres no tienen por qué quedar relegadas al lugar de quienes registran la vida de los demás.
Dani Rodríguez encontró en la fotografía una manera de contar su propia historia, acompañar el crecimiento de sus hijos y abrir conversaciones sobre los mandatos sociales. Con “Que mamá esté en la foto”, lleva esa mirada a una escena que muchas familias conocen.
Porque, cuando los años pasen y esos retratos vuelvan a mirarse, mamá también tiene que estar ahí.



