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La directora de Economía Social recorre la provincia y acompaña a mujeres que buscan generar sus propios ingresos, sostener a sus familias y hacer crecer sus emprendimientos. Dice que muchas veces no necesitan solamente una herramienta: necesitan que alguien las escuche, las oriente y les muestre que no están solas.

Hay algo de su propia historia que Cinthia Garrido encuentra cada vez que se cruza con una emprendedora sanjuanina. No es solamente un producto, un oficio o una idea de negocio. Es una historia de esfuerzo, de reinvención y, muchas veces, de mujeres que hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían.

“Yo creo que veo en cada una de las emprendedoras, mi mamá, mi abuela, mujeres muy emprendedoras que se han reinventado, han ido por diferentes rubros”, cuenta.

Garrido es directora de Economía Social del Ministerio de Familia y Desarrollo Humano y su trabajo implica acompañar a emprendedores de distintos puntos de San Juan. Pero cuando habla de las mujeres que conoce en ese recorrido, aparece una mirada que va más allá de la actividad económica.

Son mujeres que buscan desarrollar un oficio, generar ingresos, complementar el salario familiar o, en algunos casos, construir una autonomía económica que puede resultar determinante para sus vidas.

“Muchas de las emprendedoras quizás están solas, muchas veces en cuanto al contexto familiar”, explica. Por eso considera que el acompañamiento no puede reducirse a entregar una herramienta o abrir un espacio de comercialización.

Para Garrido, también importa la escucha.

Del escritorio al territorio

Una parte central de su tarea ocurre fuera de las oficinas. La directora recorre departamentos, participa de encuentros y toma contacto directo con quienes llevan adelante los emprendimientos.

“La mirada que tenemos en el territorio no la conseguimos estando detrás de un escritorio”, sostiene.

En esos encuentros, dice, aparecen necesidades concretas, pero también algo menos visible: el valor de sentirse acompañadas.

“Muchas veces el solo hecho de estar presente es tan significativo como si brindáramos alguna herramienta”, señala.

La perspectiva cambia cuando detrás del emprendimiento se reconoce a una persona y no solamente a alguien que produce y vende.

“En principio sabiendo que hay una persona delante”, resume.

Esa mirada también atraviesa la manera en que entiende su propia función. Garrido reivindica la presencia de mujeres en espacios de decisión y considera que esa participación puede aportar otras formas de abordar las problemáticas sociales.

“Es muy valioso poder encontrar estos espacios donde la mujer ocupa un rol tan significativo con la mirada que podemos brindar nosotros desde nuestro lugar”, plantea.

Cuando emprender también significa sostener

En San Juan, muchas mujeres encuentran en un emprendimiento una posibilidad de generar ingresos sin abandonar otras responsabilidades que históricamente han recaído sobre ellas.

Garrido habla de mujeres que buscan “solventar económicamente” a sus familias o complementar una actividad laboral con aquello que pueden producir.

Por eso insiste en que el objetivo no debería ser únicamente vender.

La Dirección de Economía Social trabaja con capacitaciones, espacios de comercialización y un registro provincial de emprendedores. La intención, explica, es que quienes comienzan una actividad puedan incorporar herramientas que les permitan hacerla sostenible y avanzar hacia una mayor independencia.

Pero también hay otra herramienta que aparece en sus palabras: la posibilidad de encontrarse con otras mujeres.

En un encuentro de tejedoras realizado en el estadio Aldo Cantoni, Garrido recuerda especialmente a una mujer que había llegado sola y terminó integrándose a un grupo.

“Ella salió diciendo que eran amigas que ya eran parte de ese grupo”, recuerda.

Para la funcionaria, esa escena resume una parte importante de lo que puede producir el trabajo colectivo: una emprendedora puede encontrar allí no solamente una capacitación o una oportunidad comercial, sino también una red.

Crecer juntas

Ese vínculo entre mujeres puede transformarse además en una oportunidad económica.

Garrido cuenta que encontraron emprendedoras que trabajan en distintos eslabones de una misma producción. Algunas confeccionan prendas textiles y otras realizan sublimación. La posibilidad de asociarse les permite ofrecer servicios más completos y afrontar producciones de mayor escala.

“Saber que tengo un otro con quien yo me puedo potenciar”, dice.

La autonomía, entonces, no necesariamente significa hacerlo todo sola. También puede construirse a partir de redes, asociaciones y vínculos entre mujeres que tienen capacidades diferentes y pueden complementarse.

Y ahí vuelve a aparecer su propia historia.

Garrido recuerda a su mamá y a su abuela como mujeres que se reinventaron y buscaron distintas formas de salir adelante. La diferencia, considera, está en que muchas de aquellas mujeres no tuvieron cerca una persona que las orientara o una estructura que pudiera acompañarlas.

“No han tenido la posibilidad de encontrarse con otras personas que les brinde ayuda, acompañamiento, contención, que les marquen un poco el camino para que ellas puedan crecer”, reflexiona.

Hoy, desde su lugar en la función pública, intenta ocupar precisamente ese espacio.

No desde la autoridad, aclara, sino desde la empatía.

“No desde la orden o la autoridad, sino tenemos que ir por acá o podemos ir por estas opciones, cuál se hace mejor, cuál viene mejor y responde mejor a tu necesidad”, explica.

Porque detrás de cada emprendimiento hay una mujer, y detrás de esa mujer puede haber una familia, una necesidad económica, una historia de trabajo o una búsqueda de independencia.

Quizás por eso, cuando Garrido recorre la provincia y escucha a las emprendedoras, no solamente está viendo el presente de esas mujeres.

También reconoce allí a las mujeres que la marcaron.

“Ver la humanidad en el otro”, dice.

Y en cada una de ellas, de alguna manera, vuelve a encontrarse con su mamá y su abuela.