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La sífilis volvió a ocupar un lugar de preocupación entre las infecciones de transmisión sexual. Aunque es una enfermedad que puede tratarse con antibióticos, su detección tardía puede generar complicaciones y, en el caso de una mujer embarazada, afectar también al bebé.

La tocoginecóloga María Victoria Carcelero, quien se desempeña tanto en el ámbito público como en el privado, señaló que uno de los principales problemas es que la enfermedad puede pasar inadvertida porque muchas veces no presenta síntomas.

“Es preocupante el aumento en las estadísticas de los contagios”, explicó Carcelero, aunque también aclaró que el incremento de los testeos influye en los registros. Para la especialista, el uso del preservativo sigue siendo una de las principales herramientas de prevención.

La sífilis primaria puede manifestarse con una lesión en la vulva, el pene o la boca, similar a un granito, que no pica, no duele ni arde. Esa lesión puede desaparecer y dar lugar a un período prolongado sin síntomas.

Más adelante pueden aparecer lesiones en la piel, correspondientes a una etapa secundaria de la enfermedad. Si tampoco se realiza una consulta y el diagnóstico no llega, con el paso de los años puede desarrollarse una sífilis terciaria, que puede comprometer el sistema neurológico, el corazón y otros órganos.

El embarazo, un punto clave

Para Carcelero, la situación requiere especial atención cuando la persona que tiene sífilis está embarazada.

“Una mujer embarazada que no tiene un control de embarazo, que todavía es triste pero todavía hay casos que mujeres llegan a parir y no han tenido un control de embarazo”, sostuvo durante la entrevista con Mujeres de Impacto.

En esos casos, la infección puede detectarse recién durante el parto y aparecer la posibilidad de una sífilis congénita.

La especialista explicó que cuanto antes se detecte la infección durante el embarazo, antes puede iniciarse el tratamiento y menores pueden ser las consecuencias para el bebé. En cambio, cuando el diagnóstico se produce de manera tardía, aumenta el riesgo de complicaciones.

El planteo también pone el foco en la importancia de garantizar el acceso a los controles, incluso para aquellas mujeres que no cuentan con la posibilidad de realizar una consulta en el ámbito privado.

Carcelero señaló que en el Hospital Rawson existen controles de ginecología en los que se solicitan los estudios correspondientes y mencionó además el programa de Diversidad Sexual, al que se puede acceder para realizar estudios vinculados a infecciones de transmisión sexual.

Anticoncepción no es lo mismo que prevención de ITS

Otro de los aspectos que la tocoginecóloga considera necesario diferenciar es el uso de métodos anticonceptivos y la prevención de las infecciones de transmisión sexual.

Las pastillas anticonceptivas, los métodos hormonales de larga duración, el implante, la vasectomía o la ligadura de trompas pueden prevenir un embarazo, pero no protegen frente a las infecciones de transmisión sexual.

“El único método de barrera para enfermedades de transmisión sexual es el preservativo”, explicó.

La profesional planteó que, al desaparecer el temor a un embarazo mediante otros métodos anticonceptivos, algunas personas dejan de utilizar preservativo y quedan expuestas a infecciones que pueden transmitirse durante las relaciones sexuales.

La sífilis es una de ellas. Puede tratarse con antibióticos, pero existen otras infecciones de transmisión sexual que no tienen cura y permanecen durante toda la vida.

Por eso, para Carcelero, el cuidado no debería estar asociado únicamente a evitar un embarazo. “La única manera de protegerte contra una enfermedad de transmisión sexual es con el preservativo”, remarcó.