Skip to main content

A veces, los sueños no llegan de golpe. Se construyen de a poco, entre decisiones incómodas, miedos persistentes y apuestas personales que lo cambian todo. En el caso de Ana, ese camino hoy tiene nombre propio: “Hábitos”.

Hace menos de un año, cuando fue consultada sobre su proyección, su respuesta era clara: crecer. Hoy, ese objetivo empieza a tomar forma concreta. El emprendimiento sumó un nuevo local en Capital, ubicado en la intersección de avenida Ignacio de la Roza y calle Ameghino, sin abandonar su espacio original en, Rawson.

“Estamos totalmente felices”, resume. La expansión no implicó cerrar, sino abrir. Sumar. Apostar.

“Hábitos” es un espacio de elaboración propia que propone una alternativa alimentaria específica: panificación diaria a base de harina de almendras, sin azúcar, sin lácteos y sin conservantes ni aditivos. Una propuesta que, según explica, requiere también un trabajo pedagógico con quienes se acercan por primera vez.

“La idea es explicar, no es solamente que la gente vaya”, señala. En ese vínculo, la construcción de comunidad fue clave. El crecimiento se dio, en gran parte, a través del boca en boca y el acompañamiento en redes sociales. “Hay una amplia gama de edades que consumen”, cuenta, desde personas mayores hasta familias con bebés y quienes realizan actividad física.

Pero el crecimiento no estuvo exento de tensiones. La apertura de un nuevo local se dio en un contexto económico cambiante, lo que implicó asumir riesgos. “Miedos, muchísimos”, reconoce. Sin embargo, esos mismos miedos funcionaron como motor. “Todo lo nuevo produce miedo. Hazlo con miedo, pero hazlo”.

Detrás de esa decisión hay otra aún más profunda: dejar un camino laboral considerado “seguro”. Durante siete años, Ana trabajó en el ámbito de la salud pública, un objetivo que le había llevado tiempo alcanzar. Sin embargo, decidió renunciar para apostar de lleno a su proyecto.

“Tuve que cambiar mucho mi cabeza”, explica. La idea de estabilidad asociada al empleo estatal fue reemplazada por una lógica distinta: la de construir desde lo propio. “Emprendiendo, siendo empresaria, podemos salir adelante”, afirma.

El recorrido no empezó en un local ni con una estructura consolidada. Comenzó con dos docenas de alfajores de algarroba, vendidos en ferias y entre conocidos. Un inicio pequeño que, con el tiempo, fue creciendo hasta transformarse en una empresa.

Hoy, al mirar hacia atrás, el mensaje que se daría a sí misma es claro: “Que no tenga miedo, que todo va a salir bien”. Aunque aclara que el proceso no depende de la suerte, sino del trabajo constante. “Estoy mucho tiempo trabajando, pero lo hago feliz, porque es para mí y ayudando a la gente”.