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La fundadora de Victoria Lencerie habló del poder de mirarse al espejo sin prejuicios, del rol de las mujeres en la transformación de estereotipos y de cómo las redes pueden ser una trinchera, pero también una red de apoyo. Su marca nació en pandemia y hoy tiene alcance nacional.

Patricia Racamato abrió las puertas de Victoria Lencerie con un objetivo claro: que cada mujer se sienta libre de habitar su cuerpo sin la mirada ajena como condicionante. “Nuestro mensaje es el amor propio. Usamos la lencería como excusa, pero lo que queremos transmitir es que todas las mujeres somos lindas, no importa la edad ni el cuerpo que uno tenga”, dijo la emprendedora desde su local en San Juan, donde la marca lleva cinco años creciendo.

La historia de Victoria Lencerie empezó en Santa Cruz, pero fue en San Juan donde pudo abrir su primer local físico. Desde allí, Racamato construyó una comunidad con más de 27 mil seguidoras en redes sociales, con ventas que alcanzan todo el país, especialmente Buenos Aires. “Queremos llegar a más mujeres de la provincia de San Juan, y de toda la Argentina”, aseguró.

El corazón de su propuesta no solo es la lencería, sino el mensaje que la acompaña: romper con tabúes, soltar el “qué dirán” y animarse. “Muchas veces pensamos: ‘¿Qué me voy a poner esto si no tengo a quién mostrárselo?’. Y en realidad, es para vos, para mostrarte a vos misma, que sos la persona más importante”, explicó. Por eso, la tienda trabaja con una amplia diversidad de talles, desde el 85 hasta el 130 en corpiños, buscando que todas encuentren piezas que no solo les queden bien, sino que las representen. “Hay talles grandes, pero muchas veces vienen con diseños básicos. Acá sí se puede encontrar encaje, colores, formas, para todas”.

Pero el camino no ha sido fácil. Patricia se mostró sincera sobre las críticas que recibe, especialmente cuando decide mostrar su cuerpo en redes: “Tengo 44 años, no tengo un cuerpo hegemónico, y muchas mujeres se sienten identificadas. Pero también recibo mensajes como ‘qué asco, ese cuerpo desluce todo’, y la mayoría vienen de otras mujeres. Es agresivo”. Para ella, estos comentarios no definen su proyecto, pero sí son un indicador del trabajo social que aún falta. “A veces me dicen que no borre esos comentarios, pero sí lo hago. Porque mi comunidad es un espacio seguro, y no quiero que otras mujeres se frenen por el miedo a ser agredidas”.

Racamato no se queda solo en las redes. En su vida diaria, intenta aplicar ese mismo mensaje. “Tengo tres hijas, y me animé a acompañarlas a un recital lookeada como ellas querían. Me pintaron, me vestí con colores estridentes y salí. Fue una manera de mostrarles que sí se puede. Que hay que salir del molde, aunque cueste”.

Finalmente, dejó un mensaje directo para las mujeres sanjuaninas que aún atraviesan procesos de aceptación: “Mirá todo lo que hiciste, todo lo que lograste. Querete. Ponete una lencería jugada para ir a trabajar si tenés ganas. ¿Qué tiene? Salir de lo cotidiano, de lo básico. Animarse. Tirarse a la pileta, porque seguro que va a haber agua”.