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Detrás de una pantalla, la violencia también tiene rostro. Una joven sanjuanina fue víctima de una estafa amorosa que se extendió durante casi dos años, en la que perdió cerca de siete millones de pesos. Pero lo que está en juego no es solo el dinero: el caso, recientemente formalizado por la Justicia, visibiliza una forma de violencia de género que opera en el terreno digital y emocional, aprovechando la confianza, la empatía y el deseo de vínculo afectivo de las mujeres.

La joven conoció al acusado, Ángel Pedernera (33), en noviembre de 2023 a través de Tinder. Desde ese momento, comenzó una relación virtual que se profundizó mediante mensajes diarios por WhatsApp, promesas de amor y un sinfín de excusas para no encontrarse en persona. El hombre utilizaba un perfil falso, con imágenes que no le pertenecían, y se presentaba como un empresario exitoso con problemas de salud y familiares, con los que justificaba sus reiteradas solicitudes de dinero.

“El imputado construyó un lazo emocional basado en la manipulación y el engaño. Usaba el vínculo como herramienta de control”, explicó el ayudante fiscal Federico Pereyra. En total, la joven transfirió casi siete millones de pesos, incluso endeudándose con préstamos para sostener la ilusión de una relación que nunca existió. El acusado nunca accedió a un encuentro presencial y, cuando surgían dudas, apelaba a discursos victimizantes sobre cuadros depresivos o urgencias médicas para reforzar la dependencia emocional.

El hecho no es aislado. Las estafas amorosas forman parte de un patrón de violencia simbólica y económica que afecta de manera diferencial a las mujeres. En este caso, fue una prima de la víctima quien logró advertir el engaño y la acompañó a realizar la denuncia, marcando el inicio de un proceso judicial que hoy investiga no solo el delito económico, sino también el daño psicológico y el abuso de poder emocional ejercido por el imputado.

Según los investigadores, el acusado utilizaba distintos chips y dispositivos para comunicarse, siempre desde el anonimato, estrategia que refleja un comportamiento deliberado y planificado. “Se manejaba con engaño, era muy manipulador y tiene rasgos propios de un estafador”, subrayó Pereyra. La fiscalía ahora revisa sus celulares en busca de más pruebas y no descarta la existencia de otras víctimas.

Este es el primer caso de estafa amorosa formalizado en la provincia de San Juan, y sienta un precedente necesario para pensar el acceso a la justicia desde una perspectiva de género. Porque más allá del perjuicio económico, lo que se pone en evidencia es cómo el deseo de amar, confiar y cuidar puede ser usado en contra de las mujeres en contextos donde aún falta educación digital, prevención y reconocimiento institucional de estas formas de violencia.