María Lucía Martín y Luciana Augusto, ingenieras, docentes e investigadoras de la UNSJ, volvieron a sorprenderse con la respuesta de la comunidad. Después de una primera edición con 48 participantes, la propuesta de Ingeniería en Cosmética Natural volvió a convocar y puso en evidencia el interés por aprender, investigar y producir desde la universidad.
La propuesta nació casi como respuesta a un pedido de sus propios estudiantes. Sin embargo, la convocatoria terminó superando ampliamente las expectativas. Por segunda vez consecutiva, las ingenieras María Lucía Martín y Luciana Augusto lograron completar un curso de Ingeniería en Cosmética Natural en los laboratorios de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan.
La primera edición, desarrollada durante agosto, reunió a 48 personas. La experiencia fue tan positiva que la propuesta tuvo continuidad y una nueva edición volvió a encontrar una comunidad interesada en acercarse a la universidad para aprender sobre formulación y elaboración de productos cosméticos naturales.
Detrás de esta convocatoria están dos mujeres que combinan tres dimensiones de su profesión: son ingenieras, docentes e investigadoras del Departamento de Ingeniería Química de la Facultad de Ingeniería de la UNSJ.
Para María Lucía Martín, la respuesta inicial fue una sorpresa.
“Nos sorprendió un montón”, contó al recordar el comienzo del curso. La propuesta había surgido a partir de los pedidos de estudiantes que ya habían participado de otras experiencias vinculadas con productos naturales y formulación de jabones.
Pero el interés no quedó limitado al ámbito universitario. El grupo fue diverso y reunió a personas con diferentes recorridos y edades.
“Es un grupo súper heterogéneo”, explicó Martín. Participaron personas jubiladas, profesionales con formación universitaria, estudiantes y personas interesadas en explorar un nuevo campo.
Esa diversidad es justamente una de las características que las docentes destacan de la experiencia. El curso no requiere conocimientos previos y busca que el laboratorio universitario sea también un espacio accesible para la comunidad.
“La idea de estos cursos de extensión es que la universidad se acerque a la comunidad sanjuanina y que pierdan el miedo de venir a la universidad”, sostuvo Martín.
La ciencia detrás de cada producto
La cosmética natural es, en este caso, el punto de encuentro entre la investigación y una necesidad concreta de quienes participan.
Luciana Augusto, ingeniera química, docente e investigadora, explica que uno de los objetivos es que quienes realizan el curso puedan conocer qué utilizan sobre su piel y cómo se elaboran los productos.
“La cosmética natural es importante porque la gente ha empezado a volcarse a la natural a partir de reacciones en la piel o problemas en la piel y uno empieza a ver qué ingredientes tiene, que por ahí no conocemos qué son”, señaló.
El trabajo se desarrolla con ingredientes naturales y accesibles.
“Todo lo pueden encontrar en sus casas, no hay ningún ingrediente secreto ni nada de otro mundo”, explicó Augusto.
La propuesta combina una instancia teórica con prácticas en el laboratorio. Allí, los participantes elaboran sus propios productos y luego se llevan las muestras realizadas.
De la remolacha al bálsamo labial
Uno de los primeros trabajos prácticos fue la elaboración de bálsamos labiales naturales. Para generar diferentes tonalidades se utilizaron ingredientes como jugo de remolacha, zanahoria y mosto de uva tinta.
“Tratamos siempre de buscar productos que se puedan conseguir, que lo puedas hacer en tu casa, que sean naturales y que vos sepas con qué estás elaborando tu producto cosmético”, explicó Martín.
La propuesta también permite que cada participante experimente y adapte las preparaciones.
“Uno le da la base, pero luego puede ir explorando”, sostuvo la ingeniera.
A lo largo del curso se trabajan distintas elaboraciones. Según explicaron las docentes, los módulos incluyen bálsamos labiales, cremas y pomadas, sérums faciales y rubor en polvo.
Un conocimiento que empieza en la universidad y llega a la vida cotidiana
Para las ingenieras, el valor de la experiencia no está solamente en aprender a preparar un cosmético. También está en el proceso que existe detrás de cada elaboración y en la posibilidad de compartir conocimientos generados desde la universidad.
Antes de dictar el curso, explicaron, existe un importante trabajo de investigación y preparación en el laboratorio.
“Nosotras hacemos un trabajo de investigación previo muy grande en el laboratorio”, contó Martín.
La extensión universitaria aparece así como una forma de hacer circular ese conocimiento.
“Es un placer que vengan, aprendan, estudien, se encuentren con la universidad de otro lugar”, agregó.
La experiencia también mostró que la propuesta puede convertirse en un espacio de encuentro entre generaciones. Augusto recordó que algunas jubiladas llegaron al curso porque sus hijas o nietas se los habían regalado.
“Ya están súper felices y como se llevan sus muestras que han elaborado acá en el laboratorio, se las llevan de regalo a sus nietas”, relató.
Dos ingenieras y una universidad que abre sus puertas
La continuidad de la propuesta confirma el interés que despertó el primer curso. Lo que comenzó como una iniciativa surgida de pedidos de estudiantes terminó convirtiéndose en una experiencia de extensión con llegada a personas de diferentes edades y formaciones.
Para Martín, una de las mayores sorpresas fue precisamente descubrir cuántas personas estaban interesadas en producir sus propios cosméticos y conocer más sobre los ingredientes que utilizan.
“Me sorprendió la cantidad de gente que quiere apostar a eso, a producir sus propios cosméticos, a apostar a lo natural”, afirmó.
Pero detrás de los bálsamos, las cremas y los sérums hay una historia que excede a la cosmética.
Es la historia de dos ingenieras que investigan y enseñan, pero que también entienden que el conocimiento científico adquiere otro sentido cuando puede salir del laboratorio y llegar a la comunidad.
En la Facultad de Ingeniería de la UNSJ, María Lucía Martín y Luciana Augusto encontraron en la cosmética natural una manera concreta de construir ese puente: que la ciencia no quede encerrada entre las paredes de la universidad, sino que pueda ser aprendida, experimentada y compartida.



