Gabriela Bazán, filósofa egresada de la Universidad Nacional de San Juan, creó una iniciativa que busca sacar la filosofía de los libros y llevarla a la vida cotidiana de las mujeres.
¿Qué pasa cuando una mujer se detiene? ¿Qué sucede cuando deja por un momento el hacer constante y se permite preguntarse qué quiere, qué desea o si aquello que está haciendo realmente le hace bien?
Esas preguntas forman parte de “Filosofía en la calle”, una iniciativa de Gabriela Bazán, filósofa egresada de la Universidad Nacional de San Juan, que propone llevar la filosofía fuera de la academia y acercarla a las experiencias cotidianas de las mujeres.
“Es un programa con mujeres y para mujeres”, explica Bazán. La propuesta busca tomar temas de la filosofía, sacarlos de los libros y convertirlos en preguntas sobre la vida cotidiana: el tiempo, la pausa, las pasiones y aquellas cuestiones existenciales que atraviesan la experiencia diaria.
La intención, sostiene, es que esas preguntas permitan vivir “de una manera quizás más conectada con nosotros”.

De la academia a la experiencia
La iniciativa nació también de un momento personal de introspección que atraviesa la propia Gabriela. Desde allí surgió la necesidad de compartir no solamente sus conocimientos filosóficos, sino también su experiencia de vida.
“Poder compartir no solo los conocimientos filosóficos sino también mi experiencia de vida”, señala.
Para la filósofa, ese intercambio entre mujeres tiene un valor particular. Escuchar las experiencias de otras y compartir las propias no implica necesariamente cambiar, sino transformarse.
“Compartir con mujeres es como que nos hace de alguna manera, nos transforma”, afirma.
Esa posibilidad de encontrarse y escuchar fue, precisamente, una de las razones que la impulsaron a llevar la filosofía hacia temáticas que atraviesan la vida cotidiana.
La propuesta nació inicialmente como una especie de mentoría filosófica denominada “La Candelaria Argentina”, con la idea de acompañar y guiar a través de las experiencias y de la filosofía para pensar cómo vivimos y cómo nos conectamos con nuestro día a día.

La pausa como pregunta
Hasta el momento, Bazán lleva cuatro encuentros. La pausa fue uno de los primeros temas abordados, seguido por las pasiones.
En el próximo encuentro, la propuesta gira hacia el “sagrado femenino” y su relación con el tiempo. Allí aparecerán conceptos vinculados con la mitología griega, como Kronos y Kairos, para reflexionar sobre las distintas maneras de entender y experimentar el tiempo.
Para Bazán, el “sagrado femenino” no se reduce a una cuestión espiritual o filosófica. Lo define como algo que va más allá: “una conexión, una reconexión con uno mismo”.
La elección de los temas no es casual. La pausa, por ejemplo, interpela especialmente a mujeres acostumbradas a sostener múltiples actividades y responsabilidades.
En ese sentido, aparece una pregunta central: ¿qué ocurre cuando una mujer deja de hacer, aunque sea por un momento, para preguntarse si aquello que está haciendo tiene sentido para ella?
Bazán plantea una tensión con el modo de vida actual: “Vivimos en un mundo que es hiperproductivo, es hacer, hacer, hacer por un ser”.
Frente a esa lógica, la filosofía propone detenerse y mirar hacia adentro. No como una respuesta cerrada, sino como una posibilidad de hacerse preguntas.
Una filosofía que también se comparte en redes
Los encuentros no se limitan al espacio físico. Bazán también encuentra en las redes sociales una herramienta para ampliar ese intercambio y llegar a mujeres de otros lugares.
“Podemos no solo compartir con la parte física cuando estamos con otras mujeres, sino también con mujeres que están en otros lugares y que están atravesando lo vivo”, explica.
La experiencia de estos primeros encuentros, asegura, le dejó “muchas ganas de seguir” compartiendo con mujeres, no solamente de San Juan.
Y entre las preguntas que aparecen, una de las que más permanece es justamente la que dio origen a uno de los primeros encuentros: la pausa.
“Poder reflexionar o poder hacer un segundo de esto”, resume Bazán.
Quizás allí esté una de las claves de esta propuesta: recuperar, a través de la filosofía, algo tan sencillo y al mismo tiempo tan difícil como detenerse.
No para encontrar inmediatamente una respuesta, sino para volver a formular las preguntas que muchas veces quedan relegadas detrás de la rutina, las obligaciones y el hacer permanente.
Porque, a veces, una pausa también puede ser una forma de volver a encontrarse.



