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El sol recién comenzaba a iluminar el dique Punta Negra cuando un grupo de adultos mayores, en su mayoría mujeres, llegó dispuesto a vivir una experiencia que recordarán para siempre: su primer nado en aguas abiertas. Detrás de esta aventura estaba el profesor Adrián Oliva, referente del programa de deporte de la Municipalidad de Rivadavia, quien decidió concretar un sueño largamente pedido por sus alumnas.

Entre ellas estaba Mercedes Ronda, de 67 años, que llegó acompañada por su hija. Con una mezcla de nervios y emoción, compartió su historia:
Mi nombre es Mercedes Ronda, tengo 67 años y formo parte del grupo de natación de la Municipalidad de Rivadavia, es un grupo del adulto mayor… Hoy es la primera vez que nos animamos, gracias al profesor Adrián, a venir al dique Punta Negra a hacer nado en aguas abiertas”.

Mercedes nada desde hace ocho años, aunque admite que, como muchas mujeres de su edad, a veces interrumpe y retoma:
Es importante que lo hagamos, sobre todo las personas mayores que necesitan un incentivo, algo que te haga moverte y salir de la rutina diaria”, expresó.
Y destacó la fuerza del grupo: “La mayoría somos mujeres, somos abuelas… Es un grupo maravilloso”.

Cuando habla de lo que siente al nadar, se detiene, busca palabras y finalmente lo define así:
Es una paz… te relajás… es muy estimulante y te obliga a vivir otro momento”.
Ese día, además, lo vivió acompañada: “Mi hija pidió permiso en su trabajo para venir conmigo. Es una de las primeras veces que salimos solas. Muy gratificante”.

Mercedes también dejó un mensaje para las mujeres mayores:
Que se animen, que se muevan, que lo disfruten. Este es el tiempo nuestro. Antes entregamos la vida a otros, ahora es tiempo de entregárnosla a nosotras mismas”.


La mirada del profesor Adrián Oliva

El protagonista silencioso de esta jornada fue Adrián Oliva, profesor de natación para adultos mayores, guardavidas y trabajador de seguridad náutica del dique. Él mismo explica por qué este día fue tan especial:

Hoy los traje para que vivencien algo que me lo vienen pidiendo hace mucho. Trabajo aquí, este es mi ámbito, y quería que conocieran un poquito de lo que yo vivo hace años”.

La experiencia superó todas las expectativas:
Colmó y superó ampliamente lo que esperábamos. Fue un trabajo del adulto, pero también de la familia, porque vinieron con nietos, hijos, amigos. Eso era lo más importante”.

Reconoce que la idea parecía “medio loca” por las normas de seguridad que requiere el nado en aguas abiertas, pero se animaron y lo lograron:
Hoy se nos dio el día, estuvo espectacular y la pasaron fantástico”.

Sobre el grupo que acompaña cada semana, Oliva no oculta su orgullo:
Cuando empezamos, ni siquiera metían la cabeza abajo del agua. Ahora nadan y, lo más importante, perdieron el miedo”.
Incluso recordó un caso que lo marcó:
Hay personas que empezaron a nadar a los 81 o 82 años. Es la prueba de que nunca es tarde. Aunque no sea un estilo perfecto, con flotar ya es un logro enorme”.

El profesor trabaja principalmente con mujeres:
El 97% de quienes se suman a estos proyectos son mujeres. Son ellas las que más se animan, las que más sostienen”, remarcó.