La Oficina por la Igualdad de Género, contra la Violencia y la Discriminación cumple nueve años de trabajo. Su titular, Paula Sosa, destacó que la mayoría de los casos son protagonizados por mujeres y advirtió la necesidad de actualizar el protocolo ante las nuevas formas de violencia.
Por Redacción Mujeres de Impacto
En la Universidad Nacional de San Juan, existe un espacio que nació del reclamo colectivo y se consolidó como una referencia institucional en materia de derechos: la Oficina por la Igualdad de Género, contra la Violencia y la Discriminación, que este año cumple nueve años de trabajo.
La licenciada en Trabajo Social Paula Sosa, a cargo del área, recordó que la oficina surgió “en el medio del auge de la agenda feminista”, impulsada por un grupo de mujeres y estudiantes que exigían un ámbito específico para atender las problemáticas de género dentro de la universidad. “En ese momento, la demanda fue tomada por Mónica Coca, junto con muchas referentes, y así nació este espacio que hoy sigue acompañando a quienes atraviesan situaciones de violencia o discriminación”, contó.
Desde su creación, la oficina tiene como misión acompañar, intervenir y asesorar en los conflictos que se presentan dentro del ámbito universitario. “No somos un espacio que toma decisiones ni aplica sanciones, sino que asesoramos a las autoridades sobre cómo actuar ante cada situación”, explicó Sosa.
Violencia laboral, acoso y conflictos entre pares
Según los registros, la mayoría de los casos que llegan a la oficina están vinculados al ámbito laboral. “Recibimos principalmente conflictos entre pares: docentes con docentes, no docentes entre sí, o incluso entre estudiantes”, indicó Sosa.
Además, aparecen denuncias de acoso y violencia de género, donde el acompañamiento y la contención resultan esenciales.
Pero lo más revelador es quiénes se animan a denunciar. “Hasta ahora, al menos en lo que a mí me ha tocado, no he recibido una sola consulta de un varón que se haya sentido vulnerado. La mayoría son mujeres que se sienten acosadas o agredidas por sus compañeros de trabajo. Lamentablemente, la mayoría de las veces es así”, afirmó.
Este dato, más allá de lo estadístico, expone una realidad que atraviesa todos los ámbitos: las asimetrías de género que persisten incluso en espacios formativos y laborales, y las dificultades de algunos varones para reconocer o visibilizar situaciones de vulneración.
Nuevas violencias, nuevos desafíos
Con el avance de la tecnología, las formas de violencia también mutan. La responsable de la oficina explicó que uno de los desafíos actuales es actualizar el protocolo, vigente desde hace nueve años, para incorporar problemáticas emergentes.
“El protocolo pide a gritos una revisión. Hay nuevas formas de violencia, sobre todo en lo digital, que no estaban contempladas cuando se creó la oficina. Estamos llegando tarde, como la mayoría de las instituciones, a pensar cómo abordar lo que ocurre en el mundo virtual”, sostuvo Sosa.
Entre los casos más recientes figuran los vinculados a la difusión de contenido íntimo, el uso de inteligencia artificial para manipular imágenes y los conflictos en redes sociales o grupos de mensajería.
Prevención y trabajo con los colegios preuniversitarios
Otro frente importante de trabajo son los colegios preuniversitarios, donde la oficina articula acciones con los gabinetes escolares para abordar temas de convivencia, respeto, salud mental y educación sexual integral.
“Los preuniversitarios tienen una estructura de contención única en la provincia, con gabinetes muy presentes. Nosotros fortalecemos ese trabajo y ofrecemos formación. Hoy estamos desarrollando talleres sobre el respeto, la intimidad y el cuidado en entornos digitales”, explicó Sosa.
La educación sexual integral (ESI), señaló, es una herramienta clave para prevenir situaciones de violencia y vulneración. “Durante años fue cuestionada, pero sigue siendo esencial. Hablar de ESI es hablar de prevención, de respeto y de derechos”, subrayó.
Un espacio con compromiso real
Por primera vez desde su creación, la oficina cuenta con presupuesto propio, otorgado por la actual gestión de la UNSJ. Para Sosa, ese hecho marca un punto de inflexión.
“La gestión de Tadeo Berenguer le dio presupuesto por primera vez. Eso demuestra un compromiso real con las políticas de prevención y de abordaje de la violencia”, señaló.
Además de intervenir en casos concretos, la oficina impulsa capacitaciones, jornadas de reflexión y espacios de escucha destinados a toda la comunidad universitaria.
“Queremos que esta oficina no solo apague fuegos, sino que llegue antes. Que escuche a quienes nos necesitan y que cuide, sobre todo, a nuestros estudiantes”, concluyó Sosa.



