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San Juan contará por primera vez con un Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO), una herramienta que permitirá visibilizar y registrar formalmente los distintos tipos de abusos que mujeres y personas gestantes sufren en el sistema de salud durante el embarazo, parto, posparto y otras etapas reproductivas. El anuncio se enmarca en la Semana Mundial del Parto Respetado, que este año tendrá su jornada central el sábado 17 de mayo, fecha en la que también se espera la apertura oficial de la sede local de la Campaña Nacional contra la Violencia Gineco-Obstétrica.

Ana Lucero, dulla y partera autónoma, es una de las voces visibles de este movimiento en San Juan. Como integrante del OVO y coordinadora provincial de la campaña nacional, destaca que la jornada del 17 tendrá un valor simbólico doble: “Además de la apertura en San Juan, a nivel nacional se presenta un proyecto de ley para declarar el 17 de mayo como el Día Nacional por la Erradicación de la Violencia Gineco-Obstétrica. La campaña crece cada año; le llamamos la marea roja porque cada vez nos sumamos más mujeres, y este año se replican acciones en varios países de Latinoamérica”.

Lucero aclara que el concepto de parto respetado va mucho más allá del trato amable: “No se trata de que el médico te hable con cariño, sino de que se respeten los procesos fisiológicos del cuerpo, las decisiones de la familia, la cultura de cada persona. Que haya mínimas intervenciones, que la mujer sea protagonista de su parto, incluso si es una cesárea”.

Aunque Argentina cuenta desde hace 20 años con la Ley de Parto Humanizado, su implementación real es mínima. “La ley no se cumple. Hay algunos profesionales que lo intentan, pero el mismo sistema los desgasta o los violenta. Además, estamos reclamando también mejores condiciones laborales para quienes asisten nacimientos. ¿Cómo se acompaña de manera humana si venís de una guardia de 24 horas y atendiste 30 partos?”.

Las estadísticas en la provincia son escasas. Según Lucero, en un reciente relevamiento nacional solo 27 personas en San Juan brindaron testimonio, un número muy por debajo de la realidad percibida. “No hay datos oficiales, pero en mi experiencia, nunca he estado en un grupo de mujeres donde alguna no haya sufrido violencia obstétrica. Solo basta nombrar tres cosas comunes: que te aten, que no te dejen tocar a tu hijo, que te separen de él al nacer. Todas hacen silencio… y reconocen que lo vivieron”.

La campaña también amplió su mirada hacia lo que denominan violencia gineco-obstétrica, es decir, la que ocurre a lo largo de toda la vida reproductiva: desde la primera consulta ginecológica hasta la menopausia. “No estamos hablando desde el enojo, sino desde lo vivido. El sistema médico ha ejercido poder, manipulación y abuso sobre nuestros cuerpos durante siglos”, señala Lucero conmovida.

Incluso los varones empiezan a sumarse a la reflexión. Ana recuerda el caso de un ingeniero del CONICET que, luego de un parto en casa no planificado, tomó conciencia del sistema de violencias y lo expuso en espacios masculinos. “Dijo algo muy fuerte: ‘Dejamos que violen a nuestras mujeres en nuestras caras y encima felicitamos al médico’. Eso generó una charla entre hombres que nunca había ocurrido. También ellos son apartados de la paternidad. ¿Cómo puede ser que no los dejen entrar al parto porque hay otras mujeres? Que hagan cubículos. ¿No hay presupuesto para maternidades dignas?”.

El Observatorio nace para dar lugar a todas estas denuncias silenciadas y sistematizar lo que, hasta ahora, solo se compartía en voz baja o en redes sociales. San Juan se suma así a una red federal que busca terminar con décadas —o siglos— de prácticas violentas naturalizadas.