Por años, muchas mujeres sanjuaninas buscaron un lugar donde jugar al fútbol. Hoy, ese espacio existe y cada sábado reúne a cerca de 700 jugadoras en Rawson. Detrás de ese crecimiento está María Emilia Colombo, creadora de la Liga Femenina F7, un torneo que nació con diez equipos y que, en apenas dos años, se transformó en un verdadero fenómeno deportivo y social.
Lo que empezó como una idea entre amigos terminó convirtiéndose en una comunidad. La Liga Femenina F7 reúne actualmente a 36 equipos distribuidos en tres categorías y sigue creciendo, con nuevos planteles que esperan un lugar para sumarse. Pero para María Emilia Colombo, el mayor logro no está en los números, sino en haber construido un espacio pensado por y para las mujeres.
“No queríamos solamente un lugar donde te tiraran la pelota para jugar. Queríamos un espacio donde las mujeres fueran escuchadas y, sobre todo, vistas“, cuenta la organizadora, quien comenzó a jugar al fútbol en 2013, cuando la disciplina todavía daba sus primeros pasos en San Juan.

Su experiencia como jugadora en Trinidad le permitió conocer de cerca las dificultades que atravesaban muchas futbolistas. Esa realidad fue la que la impulsó, junto a Andrés Beatrice, a crear en 2023 una liga diferente.
El proyecto comenzó con apenas diez equipos. La intención era crecer de manera ordenada y entender las necesidades de quienes participarían. Sin embargo, la respuesta superó cualquier expectativa.
“Sabía que el fútbol femenino estaba creciendo, pero nunca imaginé esta magnitud“, reconoce Colombo.
Hoy la competencia reúne a alrededor de 700 mujeres cada fin de semana y se ha convertido en uno de los torneos amateurs más convocantes de la provincia.
“Tener hoy más de 600 jugadoras hace que uno se levante todos los días con ganas de seguir trabajando por este proyecto. Ver todo esto me emociona; todas esperamos que llegue el sábado para jugar“, afirma.
El crecimiento no fue casual. Cada aspecto del torneo fue diseñado escuchando a las propias jugadoras. Desde un reglamento elaborado específicamente para la competencia hasta un espacio recreativo para que las madres puedan dejar a sus hijos mientras disputan los partidos.
“Las mamás vienen con sus hijos, los dejan jugando con la seño y pueden disfrutar del partido tranquilas“, explica.
La iniciativa surgió al advertir que muchas mujeres abandonaban el deporte por no tener con quién dejar a sus hijos. Para Colombo, ofrecer esa posibilidad también forma parte de garantizar el acceso al fútbol.
La organizadora asegura que detrás de cada equipo hay historias que la conmueven. Mujeres que comenzaron jugando, fueron madres y regresaron a las canchas; otras que encontraron en el deporte una forma de superar momentos difíciles o simplemente un espacio para compartir con amigas.
“Podríamos tener una fila de jugadoras contando sus historias. Lo que más destaco es el compromiso, las ganas de hacer deporte y de encontrar un lugar que les haga bien“, sostiene.

Lejos de conformarse, ya proyecta nuevos desafíos. Entre ellos, sumar una categoría para mayores de 35 años e incorporar, en el futuro, divisiones infantiles.
“Siento que esta pasión no tiene techo y que podemos lograr muchísimas cosas más“, asegura.
Mientras tanto, cada sábado confirma que el fútbol femenino en San Juan dejó de ser una tendencia para convertirse en un movimiento que reúne a cientos de mujeres alrededor de una misma pasión. Una pelota fue el punto de partida, pero el verdadero triunfo fue haber construido un lugar donde cada jugadora siente que pertenece.



