En una industria donde durante años las decisiones se tomaron en mesas mayoritariamente masculinas, algo empieza a moverse. Hace apenas un mes y medio, la Cámara de Servicios Mineros (Casemi) presentó su Departamento Mujer. En poco más de 40 días, el espacio ya logró convocar a decenas de empresarias, instalar una agenda propia y, sobre todo, poner sobre la mesa una discusión incómoda: el lugar real de las mujeres en el negocio minero.
María José Almerich es una de sus referentes. Empresaria del sector y parte activa de este nuevo espacio, sintetiza el momento con una definición que marca un quiebre:
“Ya tenemos un lugar en la sociedad. Ahora el desafío es permanecer para transformar y hacer negocios fuertes”.
La frase no es solo una declaración de intenciones. Es un cambio de paradigma.

Durante años, la agenda de género en sectores como la minería estuvo centrada en el acceso: ingresar, ser parte, romper techos de cristal. Hoy, según Almerich, la discusión se desplaza hacia otro terreno: el de la competitividad y la participación real en la economía.
“Negociar con mineras implica estar preparadas, entender el mercado, generar alianzas. Por eso este espacio también apunta a mentorear, acompañar y potenciar a las mujeres en los negocios”, explica.
Pero el punto de partida no es cómodo. Porque aunque la presencia femenina crece, sigue siendo minoritaria.
Por eso, uno de los primeros objetivos del Departamento Mujer es construir información propia: mapear cuántas mujeres participan del sector, en qué roles, cuántas lideran empresas y cuántas logran insertarse en la cadena de valor minera.
Un dato clave en un sector donde, muchas veces, lo que no se mide directamente no existe.
“Necesitamos estadísticas para saber dónde estamos paradas y hacia dónde ir”, plantea Almerich.
La estrategia no se queda solo en el diagnóstico. También apuesta a un diferencial que, según las propias protagonistas, puede convertirse en ventaja competitiva: la lógica de red.
En un contexto económico donde prima la competencia, el espacio propone otra dinámica: colaboración, articulación y negocios entre mujeres.
“Hacer negocios entre nosotras, buenos negocios, de calidad. Tenemos una mirada que integra lo económico con lo social, y eso también genera valor”, sostiene.
El dato no es menor en una industria que demanda cada vez más proveedores y servicios. La expansión minera abre oportunidades concretas, pero también exige capacidad de respuesta, escala y profesionalización.
Ahí es donde la organización colectiva empieza a jugar un rol clave.
Hoy, más de 50 mujeres forman parte del Departamento Mujer de Casemi. El número crece, al igual que las expectativas.
El desafío, sin embargo, sigue siendo estructural.
Porque si bien los espacios empiezan a abrirse, la desigualdad persiste. Y la pregunta de fondo sigue vigente: quiénes toman las decisiones y quiénes se benefician del crecimiento de una de las actividades económicas más dinámicas del país.



