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“¿Por qué no hacemos algo para prevenir el embarazo adolescente?”

“No estoy de acuerdo con que le den enseñanza de ideología sexual a mi hijo de 13 años”, pide una madre angustiada mirando a cámara mientras se suma al hashtag #ConNuestrosHijosNoTeMetas. A su hijo le explicaron cómo usar preservativo en el colegio y para ella es una razón suficiente para sumarse a esta campaña, encabezada por distintos padres, que busca impedir que los profesores sean los encargados de enseñar sobre sexualidad y salud reproductiva a sus hijos, pese a estar vigente una ley de Educación Sexual Integral (ESI) desde el año 2006 que lo avala.

 

Sin embargo, la realidad de los más jóvenes parece ser otra. Son ellos mismos los que, sumidos en un mar de preguntas, llegan a las aulas con más dudas que certezas. Quieren aprender. Quieren saber más. Así lo cuenta Andrés Obregón que, como profesor encargado del Taller de Programación del colegio Mano Amiga de Pilar, decidió enseñar a hacer código, pero no sin antes adaptarse a los contenidos que sus propios alumnos le demandaban.

 

“Hubo dos casos de embarazo adolescente en nuestra escuela y las chicas que quedaron embarazadas abandonaron sus estudios. Entonces me pregunté: ¿Por qué no hacemos algo para prevenir el embarazo adolescente? Empezamos a investigar cuáles eran las causas de estos embarazos y una de ellas era la falta de información. Ahí se nos ocurrió hacer una app en donde esa información esté organizada y sea de fácil alcance para los jóvenes”, le cuenta Obregón a A24.com. “Quería que hiciéramos algo de utilidad social y que, al mismo tiempo, les sirviera a ellos mismos”, define.

 

Pronto lo que comenzó como utilidad social se convirtió en una necesidad de muchos ante la falta de implementación de una ley que pide cumplirse desde el 2006. Es que CrESI –como se llama la app, en alusión a crecer y a las siglas de la famosa ley- viene a informar sobre Educación Sexual Integral y se puede descargar en Play Store. Está hecha por y para los alumnos.

“En nuestra escuela hay educación sexual, pero recién en cuarto año tienen Salud y Adolescencia que es donde más se trata el tema. Que sea en cuarto año me parecía un poco tarde”, explica Obregón. Detrás de su decisión, hay adolescentes de entre 14 y 16 años que, lejos de la pasividad con la que son asociados los “millennials”, han participado de forma proactiva en todo el proceso de creación. Para ellos fue más que un simple taller. Fue aprender haciendo. Pero por sobre todas las cosas, deconstruyendo.

“No solo se encargaron de la programación, sino también fueron el motor de búsqueda de los contenidos”, cuenta Obregón, con el orgullo de quien se sabe impulsor de algo imposible de parar. “Empezaron a investigar sobre las dudas de sus compañeros, haciendo encuestas anónimas para que todos sientan la libertad de abrirse. Ahí es cuando descubrimos que las dudas eran de las más diversas: desde cuestiones específicas a cosas más simples, como qué es un ginecólogo”, describe.

De esa información recabada, los profesores eran los que controlaban las respuestas, trabajando junto con psicólogos y médicos especialistas. ¿El resultado? 250 preguntas distribuidas de manera divertida para que la interacción con el usuario sea práctica y accesible.

Al estilo Preguntados, la aplicación consta de una ruleta que gira al azar por 6 categorías diferentes cuyas preguntas son de las más variadas: Proyecto, Derecho, Diversidad, Salud, Prevención y Qué ves. Mientras Proyecto responde preguntas relacionadas al embarazo –desde cómo podés quedar embarazada hasta los métodos anticonceptivos-, Derecho habla sobre los derechos civiles, sexuales y reproductivos.

Por el contrario, Diversidad trata temáticas de diversidad sexual, atendiendo a la identidad y a las propias elecciones. Salud responde preguntas más bien biológicas, de funcionamiento del cuerpo.

Una forma que utilizó para adaptar los contenidos a la escuela en su totalidad fue iniciar un concurso entre los diferentes cursos: tanto tercero, como cuarto y quinto año compiten para demostrar quién sabe más de educación sexual. Una actividad que fue bien recibida por el estudiantado y que Obregón subraya para entender cómo se pueden adaptar los contenidos a los nuevos cambios.

Los resultados positivos no tardaron en llegar. Al poco tiempo, comenzaron a llamar a Andrés y a sus alumnos a brindar charlas a otras escuelas. Empezaron a dar talleres, a participar de eventos, a ver cómo funcionaba en otras instituciones educativas.

“Lo más sorprendente es que ahí son los mismos jóvenes hablándole a otros jóvenes, sin intermediarios”, cuenta, orgulloso. Sin ir más lejos, ganaron el concurso Nosotros Queremos – impulsado por Fundación Inclusión Social, por el que fueron de viaje a Córdoba- y Todos podemos volarde LATAM, que los llevó a conocer la provincia de Misiones.

Actualmente, esperan ganar con ansias  Soluciones para el Futuro de Samsung, en el cual forman parte de los 30 prefinalistas.

Lo que empezó como una diminuta idea en un aula pequeña terminó superando los límites de su propia materialidad para derribar, primero, los tabúes y los mitos y, después, todos los impedimentos. Para Andrés, esperar de brazos cruzados una modificación a nivel educativo nunca fue una opción. Hoy sigue participando activamente de la implementación de su app en otras aulas.

La necesidad de los jóvenes en aprender estos contenidos está. Lo que está en nosotros es preguntarnos cómo vamos a suplir esa necesidad”, concluye Andrés. Sin quererlo, él ya encontró el cómo. Y sus alumnos también.

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